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Hoy no voy a escribir sobre maternidad si no sobre el misterio de las bodegas del centro histórico de Berna. Estábamos recorriendo el centro histórico de la capital suiza, siguiendo los típicos puntos de interés recomendados en cualquier blog de viajes “Qué ver en Berna en un día”. Sin embargo, ninguno de estos posts destacó la peculiaridad de los sótanos de la Kramgasse, muchos de ellos reconvertidos hoy en bares y comercios pero que guardan detrás de esos muros de piedra y esas escaleras pronunciadas una historia alucinante. Os la cuento a continuación.

Sótano en la Kramgasse

Si la céntrica Kramgasse hablara, temblarían los cimientos de toda Suiza. La mítica torre del reloj abre las puertas de una calle que fue residencia de Albert Einstein de 1902-1909. Su casa, hoy convertida también en museo, se levanta, como el resto de los edificios de esta arteria principal de la capital, sobre unos sótanos cargados de historia.

Para mí, fueron estas partes bajas del centro histórico el punto fuerte de nuestra visita a Berna.

En los primeros años de existencia de la capital suiza, las casas tenían sótanos, como ocurre en muchas ocasiones en los tiempos actuales. La diferencia aquí radica, básicamente, en que no todos datan del siglo XIII como los de la Kramgasse y la Gerechtigkeitgasse.

En el casco antiguo, existen alrededor de 1.900 bodegas de 8,8 metros de profundidad cuyo acceso es posible únicamente a través de la trampilla y una empinada escalera de piedra. Sus suelos suelen ser de piedra natural o losas de arcilla y, sus muros, de piedra arenisca.

Hasta los siglos XVII y XVIII, los techos de los sótanos eran planos, sustentados por vigas de madera. Pero, a partir de entonces, se sustituyeron por un techo redondo de ladrillo, ganando de esta forma más espacio en su interior.

  • Funcionalidad de los sótanos

1.- Tabernas y bodegas de vino

Vistas de la Kramgasse/Unsplash

Tras la conquista del cantón de Vaud en el siglo XVI, Berna aumentó considerablemente el número de viñedos y el vino se consumía con diferentes objetivos: anestesia para los enfermos en hospitales o como bebida alcohólica que se ofrecían en bares y bodegas.

Así que muchos de estos sótanos sirvieron para almacenar los 650.000 litros de vino del Estado que el Gobierno usaba como medio de pago.

Los patricios, que formaban parte de la clase alta privilegiada, eran los únicos que podían servir vino en sus bodegas y comercializarlo. Muchos de ellos poseían viñedos en el lago de Biel o en los cantones vecinos. El vino era barato quedando al alcance de las clases más bajas que fundían sus escasos recursos en alcohol. Los burgueses incrementaban con ello sus ingresos y, al mismo tiempo, el Gobierno recaudaba el impuesto sobre el vino (Ohmgeld).

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Como ocurre también en la actualidad, el uso abusivo de alcohol traía consigo problemas de convivencia por lo que, principalmente, el clero y la policía se oponían a esta forma de ocio. Se intentó controlar la situación por vía política pero los bodegueros patricios ignoraban lo acordado y el Gobierno hacía “oídos sordos”.

La instauración del Antiguo Régimen terminó con el negocio y la diversión. A partir de 1804, se restringen los horarios, se dificultan y encarecen las licencias y los bares son sometidos a una vigilancia policial muy estricta.

La presión de las autoridades y la lucha contra el alcoholismo terminaron con este uso de las bodegas. Únicamente 2 sobrevivieron a las estrictas normas policiales en la primera mitad del siglo XX: la Kornhauskeller y la Klötzlikeller.

2.- Galerías de arte

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Los sótanos quedaron silenciados durante décadas. Fue tras la II Guerra Mundial cuando uno de los primeros sótanos se abrió como espacio público y se celebró la primera exposición de obras de artistas del Casco Antiguo en el año 1948: Anlikerkeller.

La especialidad de esta bodega era que el artista tenía que vender él mismo sus obras y organizar la exposición. Para ello, tenía que pagar un alquiler.

3.- Teatros y centros de reunión intelectual

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A partir de este momento, el corazón de sótanos del centro histórico volvió a palpitar. Se convirtieron en centro de reuniones de intelectuales contrarios a las ideologías de la Guerra Fría. Nacieron allí también los teatros subterráneos, clubes de jazz y algunos de ellos se convirtieron en centro de debates públicos y manifestaciones.

  • Su uso actual

En los últimos tiempos, se ha reconocido el valor histórico y arquitectónico de estos sótanos. Muchas de ellas han sido renovadas y convertidas en comercios donde puede encontrarse desde especias o vino hasta ropa, muebles o libros. También en bares y tabernas donde puede escucharse música en directo, recordando el apogeo que allí mismo vivieron las bodegas del siglo XVIII.