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Os voy a contar la historia de una madre coraje y su bebé guerrero. Nada de luchas con espadas, ni escudos o armas. Una pelea que nace con el sentimiento y la fuerza de aferrarse a la vida. Es esta entrada del blog conoceremos de primera mano la experiencia de Myriam, nuestra Madre de Bandera, que dio a luz en la semana 33 de embarazo. Un bebé prematuro que nació pronto pero con determinación: la vida comenzaba para él en ese momento e iba a luchar por ella sin lugar a dudas.

Imagen: Unsplash

El 17 de noviembre se celebra el Día Mundial del Niño Prematuro con el fin de dar visibilidad a esta angustiosa situación a la que se enfrentan muchas familias. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año nacen 15 millones de bebés prematuros en todo el mundo. En España, 1 de cada 13 bebés nacidos son prematuros. Estos pequeños guerreros nacen antes de la semana 28 de gestación (en los casos más extremos), muy prematuros (aquellos nacidos antes de la semana 32) y prematuros moderados (los que nacen entre la semana 33 y la 37 de embarazo).

“Mi embarazo fue complicado desde la semana 15 debido a un sangrado fuerte por placenta previa. Por mis antecedentes de endometriosis, los médicos me confirmaron que estábamos ante un embarazo de riesgo pero nada hacía presagiar un parto tan prematuro”, recuerda Myriam.

Pero fue en la semana 23 cuando se empezó a formalizar la posibilidad de un parto prematuro debido al acortamiento del cuello del útero. “En la semana 30 se borró completamente y en la 32 solté el tapón mucoso”, nos comenta nuestra protagonista.

Días después y, coincidiendo con la primera ola de la pandemia mundial de Corona Virus, Myriam ingresó en el hospital para comenzar con el proceso del parto: “me suministraron medicación para la maduración pulmonar (que ya la recibimos dos semanas antes) y para parar las contracciones. Dos días después me retiraron la medicación y rompí aguas mientras dormía. Había recibido la heparina hacía menos de 6 horas por lo que recibí anestesia general y mi bebé nació por cesárea con 2,050 kg y 46 cm”, afirma Myriam.

No me acuerdo del momento piel con piel debido a la anestesia. Si no fuera por las fotografías del momento, no habría existido para mí. De hecho, fui a verlo unas horas más tarde y tenía miedo de no reconocerlo, fue un momento muy duro para mí.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tomó la iniciativa de celebrar este Día Mundial del Niño Prematuro y recomienda “el contacto directo de piel con piel para lograr la supervivencia de los bebés pequeños y prematuros”.

Myriam y su bebé

“Al nacer me lo pusieron unos segundos encima antes de llevarlo a neonatos. No me acuerdo de ese momento por la anestesia y, de no ser por las fotografías, no habría existido para mí. De hecho, fui a verlo unas horas más tarde y tenía miedo de no reconocerlo, fue un momento muy duro para mí”, asegura esta Madre de Bandera.

  • Angustia tras el parto

El hijo de Myriam respiró sin ayuda al nacer, reaccionó muy bien a todos los estímulos y pruebas a las que fue sometido. Además, aprendió muy rápido a comer y únicamente tuvieron que ponerle la lámpara infrarroja debido a la bilirrubina. “Nos dio una lección de valentía y mi fortaleza, pese a las heridas de la cesárea y el momento tan delicado que estábamos viviendo, se elevó a niveles desconocidos hasta entonces. Recuerdo que me partía el dolor pero me podía más el sentimiento que acababa de descubrir: la madre de un pequeño guerrero”, recuerda emocionada nuestra protagonista.

Sentía que me lo habían quitado de dentro: ni yo ni él estábamos preparados para el nacimiento. Me culpé, por mucho tiempo, de su nacimiento prematuro

El bebé luchaba físicamente mientras Myriam se encontraba en un momento emocional muy difícil: “sentía que me lo habían quitado de dentro, que ni yo ni él estábamos preparados para el nacimiento. Me agarraba mi inexistente barriga y lloraba”.

Imagen: Unsplash

En sus visitas a la planta de neonatos, “recuerdo mirarlo, hablarle y pedirle a mi niño que tenía que mantener esa fortaleza y, al mismo tiempo, me sentía mal por no ser una madre normal y no haber podido abrazarlo al nacer. Me culpé, durante mucho tiempo, de su nacimiento prematuro”, explica Myriam.

Desde mi punto de vista y viendo el impacto emocional que tiene estar viviendo un momento de estas características, una preparación previa así como también un apoyo psicológico a estas familias sería uno de los pasos al frente para visibilizar este tema y concienciar sobre las necesidades y los derechos de los bebés prematuros y sus familias.

“Los partos prematuros son tabú en determinados ámbitos y nadie los nombra para evitar malos presagios pero es una realidad, existen. Si me volviera a pasar, buscaría ayuda profesional para eliminar el sentimiento de culpa del que hablaba anteriormente”, afirma Myriam.

  • La vida después del hospital

Tres semanas después del parto, tres semanas con sus largos días y sus largas noches. Pensadlo un momento: tres semanas abandonando el hospital y dejando a tu bebé recién nacido allí, alejado de tus brazos. Durísimo. Pero el gran día llegó. Y esta vez Myriam salió del centro con su hijo.

Imagen: Unsplash

A partir de entonces, la evolución del bebé se ha desarrollado dentro de los parámetros, eso sí, poniendo especial atención a los resfriados: “al ser los pulmones el último órgano que madura durante la gestación, los prematuros son más propensos a tener complicaciones de este tipo”, explica nuestra protagonista.

Dos años y medio después, nuestro pequeño guerrero tiene una salud como el escudo que le protege, de hierro. “Tiene muchas ganas de conocer el mundo, es un torbellino que sigue poniéndome a prueba cada día”, afirma Myriam.

  • Mensaje de Myriam para las mamás de bebés prematuros

“No es vuestra culpa, cada embarazo es diferente y la perfección no existe. Es un momento difícil donde hay que depositar totalmente la confianza en el personal sanitario y la fortaleza de nuestros bebés. Cada día es un día más de objetivos diarios y no pensar más allá. La vuelta a casa está cada vez más cerca”.

Muchísimas gracias Myriam por permitirme contar esta historia de lucha por la vida, de fortaleza, de optimismo y superación. Gracias por darle la vida a este pequeño gran guerrero.